La eficiencia en el manejo del forraje se consolidó como el factor decisivo para sostener la rentabilidad ganadera y lechera argentina, según quedó planteado en el segundo Congreso Argentino de Forrajes, que reunió a especialistas, productores y empresas del sector para analizar cómo transformar conocimiento técnico en mayores kilos de carne y litros de leche por hectárea.
El mensaje central que atravesó las distintas disertaciones fue contundente: producir más forraje ya no alcanza como estrategia competitiva. La clave pasa por cosecharlo, conservarlo y convertirlo de la manera más eficiente posible en producto animal, en un escenario donde los costos de producción continúan presionando los márgenes de rentabilidad del sector agropecuario.
Darío Colombatto, ingeniero agrónomo y docente de la Universidad de Buenos Aires, centró su exposición en el rol estratégico del silaje dentro de los planes de cría y terminación. El especialista planteó que la ganadería atraviesa una transformación profunda en sus requerimientos nutricionales, orientada a lograr vaquillonas y novillos con mayor peso final sin extender los tiempos de producción, objetivo que exige una nutrición animal cada vez más precisa y planificada. Advirtió además sobre un riesgo frecuente en el sector: confundir un contexto de precios favorables con rentabilidad garantizada, cuando en realidad la eficiencia nutricional sigue siendo la variable que determina el resultado económico final de cada establecimiento.
El escenario comercial de la carne vacuna, analizado por el consultor Víctor Tonelli, mostró una tendencia de fondo relevante para el negocio ganadero: el precio del producto acumula prácticamente 31 meses consecutivos de subas, impulsado en parte por una retención de hacienda que podría reducir en 1,1 millones de cabezas la disponibilidad de animales para faena en el corto plazo. Ese ajuste en la oferta interna abre incluso la posibilidad de que el país deba recurrir a importaciones puntuales de menor volumen para equilibrar el abastecimiento, un fenómeno poco habitual en la tradición exportadora argentina de carne.
En el plano lechero, Jorge Giraudo expuso el mapa comercial que hoy sostiene a la industria: Argentina destina el 70% de su producción de leche al consumo interno y coloca el 30% restante en mercados de exportación, con una proyección de consumo doméstico de 188 litros de productos lácteos por persona para 2026. El especialista cuestionó la calidad de algunos productos que circulan en el mercado interno, señalando su impacto negativo sobre el precio final que recibe el productor primario por su materia prima.
Pese a esa fricción interna, la inserción internacional del sector lácteo argentino continúa expandiéndose: el país exporta actualmente más de treinta productos lácteos distintos a más de setenta destinos en el mundo, y las proyecciones del sector ubican a 2026 como un año potencialmente récord en volumen exportado, aunque la sostenibilidad de ese crecimiento dependerá de la capacidad de la industria para abrir nuevos mercados que compensen los elevados costos de producción domésticos.
El cierre del Congreso sumó disertaciones técnicas de Phil Cardoso sobre estrategias de ensilado de maíz, Maryon Strack sobre calidad y manejo de forrajes, y Claudio Zuchovicki sobre el contexto macroeconómico y la necesidad de reinversión sostenida en el agro. La conclusión general del encuentro fue clara: la rentabilidad ganadera y lechera argentina dependerá cada vez más de la capacidad del sector para integrar tecnología, planificación forrajera y análisis de datos en un mismo sistema productivo, convirtiendo cada tonelada de alimento disponible en el mayor volumen posible de carne y leche exportable.







