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¿Qué es la leche A2, por qué está en auge y cuáles son sus posibles ventajas?

Europa Leches

El consumo de leche A2 podría ser una opción para algunas personas sensibles que sufren molestias y no tienen alergia a las proteínas ni intolerancia a la lactosa. La leche es un alimento saludable y seguro que aporta nutrientes de interés, como proteínas, vitaminas y minerales, entre los que destaca el calcio.

Ahora bien, su consumo no es imprescindible, como tampoco lo es el de ningún otro alimento. Es decir, si queremos y podemos tomarla, estupendo. Y si no queremos o no podemos, debemos tenerlo en cuenta para obtener esos nutrientes a partir de otros alimentos. El problema se presenta cuando queremos tomarla, pero no podemos porque nos sienta mal.

Y lo peor es que a veces no se debe a causas conocidas, como la intolerancia a la lactosa. Una posible explicación al malestar podría estar en las proteínas…  ¿Y la solución? En la leche A2.

Diferencias entre alergia e intolerancia: Cuando nos sienta mal la leche a veces hablamos de cosas como “alergia a la lactosa”, “intolerancia a la leche”, “alergia a la leche”… Es decir, mezclamos conceptos y trastornos que no tienen mucho que ver, como la alergia a las proteínas de la leche y la intolerancia a la lactosa. Es importante conocer bien la diferencia entre alergia e intolerancia porque, de lo contrario, nuestra salud se puede ver comprometida.

Alergia a las proteínas de la leche: Una alergia alimentaria no es lo mismo que una intolerancia. En la alergia está implicado el sistema inmunitario, es decir, las defensas de nuestro organismo, que reaccionan de forma exagerada cuando detectan la presencia de una sustancia que consideran extraña y, que cuando se trata de alimentos, normalmente es una determinada proteína. Es decir, las personas alérgicas a la leche lo son en realidad a una o varias proteínas de la leche.

Este trastorno afecta aproximadamente al 2 % de la población adulta y puede ser muy grave, porque si una persona alérgica entra en contacto con esas proteínas puede llegar a sufrir un shock anafiláctico con grave riesgo para su vida.

Solución. En niños muy pequeños la solución puede pasar por tratamientos consistentes en aumentar paulatinamente la exposición a esos alérgenos, bajo supervisión médica y de forma muy controlada para tratar de desarrollar tolerancia. Pero en cualquier caso, el tratamiento principal se basa en evitar la exposición a esas proteínas, es decir, evitar el consumo de leche y productos elaborados con ella.

Intolerancia a la lactosa: En una intolerancia a los alimentos no interviene el sistema inmunitario, sino otros mecanismos. Cuando hablamos de “intolerancia a la leche”, a lo que solemos referirnos en realidad es a la intolerancia a la lactosa, que es el azúcar característico de este alimento.

En una persona que no tiene este problema, lo que ocurre es que su intestino produce lactasa, que es una enzima que actúa como si fueran unas tijeras, rompiendo la molécula de lactosa en dos azúcares más simples (glucosa y galactosa), que se absorben sin problema. Pero en una persona con intolerancia, no se produce suficiente cantidad de esa enzima, así que la lactosa permanece en el intestino y es fermentada por las bacterias que forman parte de la microbiota intestinal, produciendo gases que dan lugar a molestias, como dolor abdominal o diarrea.

Solución. Se estima que en España un 40 % de la población es intolerante a la lactosa en mayor o menor medida. En estos casos la solución pasa por elegir leche sin lactosa, que se elabora añadiendo lactasa a la leche normal para que ese proceso (la ruptura de ese azúcar en otros dos más simples) ocurra en el propio alimento.

Ni alergia ni intolerancia. ¿Qué me pasa?: Hay personas que no son intolerantes a la lactosa ni alérgicas a las proteínas de la leche, pero aun así este alimento les sienta mal y no saben por qué. Una posible explicación podría estar en las proteínas.

En torno a un 3,5 % de la leche de vaca corresponde a las proteínas. De ellas, las más importante y abundante es la caseína (en torno a un 80 %). Existen cuatro tipos diferentes de caseínas, aunque la que nos interesa en este caso es la betacaseína, que supone un 30-35 % del total de caseínas.

Para acabar de complicar aún más la cosa, existen dos tipos de betacaseína, llamadas A1 y A2. Lo curioso de estas proteínas es que no se encuentran por igual en toda la leche. Es decir, algunas vacas producen leche donde predomina la betacaseína A1, mientras que en otras, la leche contiene principal o exclusivamente betacaseína A2.

El auge de la leche A2: El interés hacia estos compuestos comenzó en la década de 1990, cuando unos científicos neozelandeses encontraron correlaciones entre el consumo de leche con betacaseína A1 y el desarrollo de enfermedades como diabetes tipo 1 y enfermedades cardiovasculares. Esto generó un considerable interés, tanto en la comunidad científica, como en los medios de comunicación e incluso en el ámbito empresarial.

Tanto fue así que en el año 2000 se fundó en Nueva Zelanda una empresa, llamada A2 Corporation, que empezó a vender test genéticos para saber si las vacas producían leche con betacaseína A1 o con betacaseína A2, y a comercializar “leche A2”, que no contenía betacaseína A1.

A raíz del interés generado, muchos investigadores realizaron estudios para conocer si realmente existía una relación causa-efecto entre el consumo de leche con betacaseína A1 y el desarrollo de enfermedades. Incluso la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) realizó un informe al respecto en el año 2009 para tratar de averiguar si había que tomar alguna precaución acerca del consumo de esa proteína.

Todos esos estudios llegaron a la misma conclusión: el consumo de betacaseína A1 no produce enfermedades. Por ello la EFSA no tomó ninguna medida al respecto, como advertir de su presencia o limitar su contenido.

Diferencias entre betacaseínas A1 y A2: Las betacaseínas A1 y A2 se diferencian ligeramente en su composición química. Lo que ocurre es que se diferencian en uno de los 209 aminoácidos que las componen: en el caso de la betacaseína A1 la posición 67 de la cadena de aminoácidos está ocupada por la histidina, mientras que en el caso de la betacaseína A2, esa posición está ocupada por la prolina. Esta pequeña diferencia determina su estructura y hace que se metabolicen de distinta forma, dando lugar diferentes compuestos.

Lo interesante es que en el caso de la betacaseína A1 se produce un compuesto proteico llamado betacasomorfina-7 (BCM-7), que se relaciona con algunos efectos adversos: puede retrasar el tránsito intestinal y hacer que las heces sean menos consistentes. Algunos estudios apuntan también otros posibles efectos adversos, como procesos inflamatorios o trastornos en el sueño de los bebés, pero no hay evidencias sólidas al respecto.

En definitiva, lo que hoy sabemos es que el consumo de leche con betacaseína A1 puede provocar molestias gastrointestinales en personas sensibles. De hecho, algunas investigaciones apuntan que el consumo de leche A2 causa menos síntomas adversos en personas intolerantes a la lactosa que la leche “normal” (donde normalmente predomina la betacaseína A1 o hay una mezcla de A1 y A2).

Las vacas y la leche A1/A2: En principio, todas las vacas producían leche A2, pero en algún momento de la historia se produjo una mutación genética que hizo que algunas produjeran leche con betacaseína A1. Es decir, se trata de una característica que está determinada por factores genéticos, así que está muy ligado a la raza de la vaca.

Las razas que más se utilizan hoy en día en Europa, como la Frisona (la típica vaca lechera de manchas blancas y negras), producen en su mayor parte leche A1, mientras que en otras razas, procedentes sobre todo de Francia, como Jersey o Charolais, la mayoría de los animales producen leche A2. Pero esto no es algo absoluto, es decir, no todas las frisonas producen leche donde el 100 % de la betacaseína es A1. Puede haber una mezcla de ambas betacaseínas o incluso predominar la A2.

Esto se puede comprobar realizando un simple test genético, de modo que, si se desea obtener leche A2, se pueden seleccionar los animales que la produzcan. Esto fue precisamente lo que comenzó a hacer en el año 2017 una sociedad de ganaderos gallegos.

Cuatro años más tarde, en 2021, sacaron por primera vez al mercado español leche A2, siguiendo los pasos de otros países donde este tipo de leche se comercializa desde hace tiempo, como Estados Unidos, Reino Unido, Australia o Nueva Zelanda.

Así pues, el consumo de leche A2 podría ser una opción para algunas personas sensibles que sufren molestias y no tienen alergia a las proteínas ni intolerancia a la lactosa.

En cualquier caso, aún queda mucho por conocer acerca de los posibles efectos sobre la salud de la betacaseína A1.

Dado el interés creciente, cada vez se investiga más sobre ello, así que es muy posible que sepamos mucho más en un futuro cercano.

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